Los colores no existen. Puede resultar una afirmación impactante pero es así,  el proceso de identificación de los colores depende del cerebro y del ojo. Todas las personas percibimos los colores de forma distinta. Algunas tienen mayor dificultad para identificar determinados colores que otras. Cualquier disfunción en el proceso produce un problema de percepción cromática, como el daltonismo. El color es uno de los fenómenos más influyentes en la vida de las personas y uno de los canales que contribuye al conocimiento del mundo externo. Pero, ¿cómo vemos los colores?

Relación entre luz y color

Fue Isaac Newton, en 1966, quien realizó los primeros experimentos sobre los colores haciendo pasar por un prisma un rayo estrecho de luz. Gracias a él sabemos que la luz blanca está formada por colores y que que cada color en el espectro está asociado con una longitud de onda específica. Cuando la luz blanca incide sobre una superficie, una parte del espectro visible es absorbida por ésta y la otra es reflejada y registrada por el ojo humano. Esas ondas de luz reflejadas son las que determinan su color. Los colores que visualizamos son, por tanto, aquellos que los propios objetos no absorben, sino que los propagan.

¿Cómo capta el ojo los colores?

Cuando las ondas llegan a nuestros ojos forman una imagen en la retina. Las responsables de este proceso son las células fotorreceptoras, conos o bastones. Los bastones recogen el brillo de la imagen, ofreciendo información sobre el contraste. Los utilizamos para ver en condiciones de baja iluminación. Los conos captan la medida de la onda, es decir, el color. Están situados en una región de la retina llamada fóvea. Cada ojo tiene unos 6 o 7 millones de conos y existen tres tipos según su sensibilidad a la luz roja, azul y verde. Con estos tres colores básicos nuestros ojos perciben unos 8.000 colores distintos y permite percibir todos los colores del espectro visible.

Los bastones y conos recogen las diferentes partes del espectro de luz solar y las transforman en impulsos eléctricos, que son enviados luego al cerebro a través de los nervios ópticos, siendo éste el encargado de crear la sensación del color.
El ojo percibe también progresiones tonales. Si se divide la escala de tonos entre el negro y el blanco en 65 franjas iguales, el ojo humano puede diferenciar un máximo de aproximadamente 65 niveles de gris.

¿Qué pasa si alguno de estos fotorreceptores presentan anomalías? La visión del color se verá claramente afectada, pero eso lo veremos más adelante.